COLUMNA DE:
Angel Manero

Angel Manero

Ingeniero Agroindustrial con Maestría en Administración de Agronegocios. Consultor senior en Desarrollo Productivo y Negocios Agrarios.
29 febrero 2020 | 09:42 pm Por: Angel Manero

LA TIERRA PROMETIDA DEL AGRO PERUANO

LA TIERRA PROMETIDA DEL AGRO PERUANO
Al ver las imágenes de la detención de Yehude Simon -cual Josué preocupado al ver el tamaño de las murallas de Jericó- por presuntos dineros mal habidos relacionados a Odebrecht, me trajo el recuerdo del año 2006; él era Presidente Regional de Lambayeque y, siendo yo, Director del Banco Agropecuario lo acompañé a una visita de campo por las tierras de Chongoyape, la hora de salida fue 4:30 am. No hay duda que el proyecto Olmos se materializó en buena parte por el empuje que le puso Yehude al proyecto, y me quedó claro que él realmente tenía la convicción de la importancia de la agricultura para el país.

El proyecto Olmos fue un sueño, de cerca 80 años, de los lambayecanos. Pero un sueño que se hizo realidad a medias. Irrigar parte de las enormes pampas de Olmos se logró. El Estado invirtió cerca de USD 600 millones (con alitas incluidas) para vender luego 38 mil hectáreas al sector privado. Es decir, la inversión del Estado fue cerca de USD 16 mil por hectárea. La parte del sueño, no cumplido, fue que esas tierras no se vendieron a los lambayecanos con facilidades de pago; sino que se vendieron al contado, a empresas que podían pagar por lotes de entre 500 y 5,000 hectáreas con compromiso de inversión garantizado.

Lo anterior tiene su lado bueno y malo. Ya lo dije antes, se debió respetar la Ley 27887 que dispone que del total de la extensión de tierras habilitadas o eriazas de los proyectos especiales hidro-energéticos y de irrigación del país, financiados con fondos públicos y/o cooperación internacional, se debe adjudicar directamente hasta el 30% del total de estas tierras a pequeños productores.

Las tierras de Olmos se vendieron en promedio a USD 5,500 por hectárea en los años 2011 y 2012 y a la fecha el valor de mercado de estas tierras es cerca de USD 15 mil por hectárea. Tendencia que es muy probable siga en aumento; y que estas tierras se revalúen a USD 30 mil para el año 2031 (fecha en que vencerían los beneficios de la ley de promoción agraria).

El territorio peruano tiene cerca de 128.5 millones de hectáreas. De ellas, aproximadamente 60 millones corresponden a la amazonia. Solo tenemos 2.5 millones de hectáreas cultivadas decentemente (bajo riego permanente) es decir menos del 2% de nuestro territorio.

A la fecha, la tierra le hace ganar 200% de rentabilidad nominal, a quienes compraron en Olmos. Las tasaciones actualizadas de terrenos, permiten mejorar la posición patrimonial de las compañías y pintan de azul los estados financieros, mejorando el acceso al capital y financiamiento. Además, las Normas Internacionales de Contabilidad en específico la NIC 41 permite revalorizar cada año las plantaciones; bajo este esquema, las empresas que tienen cultivos permanentes pueden mejorar, en adición, sus ratios financieros. En base a lo anterior, destaco las últimas operaciones de levantamiento de fondos que ha realizado la empresa Camposol, atrás quedaron los años difíciles cuando solía tomar deuda con TEAs por encima del 10% y con prima adicional de riesgo.

La tierra y la mejora constante de su valor, es vital para el desempeño agroexportador. Que los proyectos de irrigación acaban subsidiando estas inversiones, también es cierto. Pero es algo necesario y repito algo que también debe beneficiar a pequeños inversionistas.

No debemos dejar de soñar en expandir la frontera agrícola. No olvidemos Concón-Topará en Cañete y Pampas Verdes en Ica; y nuestro mayor sueño: El desierto de Sechura en Piura. Este desierto tiene una extensión de 500 mil hectáreas. Si quisiéramos irrigar 200 mil de ellas, necesitaríamos represar 2 mil millones de metros cúbicos (MC) lo equivalente a dos Poechos originales. Para Piura esta cantidad de agua es nada, sobra decir que por su río bajan 2 mil MC por segundo en temporada de lluvias altas. Además con tanta lluvia, ese desierto debe tener unos acuíferos importantes.

Perú tiene mucho desierto y agua, que almacenada, nos puede hacer crecer sin problemas en un millón de hectárea en la costa. El reto es el mercado para tanta oferta que podríamos desarrollar, es decir la demanda que sustente las inversiones. Por lo pronto vamos anunciando, afectuosamente, a Chile que se olvide de renovar sus plantaciones de arándanos y palta, aquí vamos a producir por ellos. No obstante, debemos ponernos las pilas, la amenaza viene a ritmo de cumbia y se alimenta con bandeja paisa.

Realizar la prospección futura de las oportunidades para el agro del Perú es algo que necesitamos con urgencia, hay oportunidades que atender y riesgos que administrar. Vinculado a ello, cómo podemos respaldar el desarrollo de una industria alimentaria a partir de nuestras fortalezas en campo ¿lo vegano? y algo que vamos a discutir fuerte en las próximas elecciones presidenciales: ¿Qué vamos a hacer con la moratoria a los transgénicos?