COLUMNA DE:
Angel Manero

Angel Manero

Ingeniero Agroindustrial con Maestría en Administración de Agronegocios. Consultor senior en Desarrollo Productivo y Negocios Agrarios.
01 diciembre 2014 | 04:39 pm Por: Angel Manero

IT´S THE SUNAT, STUPID

Sin Imagens

 

It´s the economy, stupid fue una frase utilizada en la campaña electoral estadounidense de 1992 donde competía Bill Clinton contra George Bush padre. La frase que se popularizó como “es la economía, estúpido” fue el slogan no oficial de la campaña de Clinton y buscaba persuadir al ciudadano de que no importaban temas como haber ganado la guerra del Golfo Pérsico o el fin de la guerra fria con la extinta URSS. En la arena política, el orgullo nacional no cuenta para el voto si los bolsillos están más vacíos que antes.

 

En la reciente discusión sobre el drawback, el MEF retrocedió a medias y no llevó a cero los aranceles para 785 partidas arancelarias. Sin embargo dio un zarpazo adicional bajando la tasa del drawback de 5% a 4% y 3% desde el 2015 y 2016 respectivamente.

 

En realidad el número de partidas liberalizadas era un tema accesorio, porque si el requisito principal para pedir el drawback es que el insumo importado, que ha pagado arancel se constituya en parte del producto final, entonces bastará con ponerle un sticker, una bolsa o un papel para cumplir los requisitos y poder pedir este beneficio.

 

El MEF ha opinado abiertamente a favor de eliminar el drawback. Un mecanismo que nunca le gustó y por lo general, la SUNAT se ha encargado de hacer difícil su utilización a los agroexportadores.

 

Sería interesante ver el tamaño de las multas y acotaciones que ha hecho históricamente la SUNAT para toda empresa exportadora que ha “osado” pedir su drawback. Observaciones que van desde la liquidación de las ventas (crítico para las empresas que venden perecibles) y el arma más letal de las últimas fiscalizaciones: la determinación del gasto computable por concepto de recuperación de drawback.

 

Advierto que entender esto es un suplicio, pero para hacerlo simple debo decir que siendo el drawback un ingreso que no paga renta, el dinero que se gasta en cobrarlo (personal, administrativo etc) tampoco es computable como gasto. El problema es que la SUNAT no reconoce el cálculo del gasto que hacen las empresas sino que ha establecido una “fórmula cuántica de cinco dimensiones” de prorrata para su determinación; la que acaba dando -cual caja de pandora- un número que puede ser hasta diez veces mayor a lo que verdaderamente gastan las empresas. En consecuencia, las empresas deben pagar mucho más impuesto a la renta de lo que corresponde, más las penalidades del caso.

 

Es la SUNAT quien complica más el Doing Business del país y no ayuda a simplificar las cosas.  Esperamos que con la reducción de la tasa del drawback, estas fiscalizaciones tipo Gestapo, pasen a mejor vida.

 

 

01 de diciembre del 2014