COLUMNA DE:
Juan Faustino Escobar

Juan Faustino Escobar

Economista con estudios concluidos de Maestría en Gestión Pública y con Diplomado en Proyectos de Inversión Pública, Gestión Pública y Gestión de ONGs. Especializado en dirección de empresas, ONGs e instituciones públicas.
23 abril 2020 | 09:54 am Por: Juan Faustino Escobar

Levantar en alto nuestro escudo social… ¡¡¡ el Agro!!!

Levantar en alto nuestro escudo social…  ¡¡¡ el Agro!!!
La crisis generada por el coronavirus remece al Perú y los costos - humanos, sociales y económicos - se siguen sumando. Es una pesadilla y una realidad con varios capítulos por delante.

En lo económico, analistas como Elmer Cuba (Macroconsult), Jorge Chávez (MAXIMIXE) y Alonso Segura (HacerPerú), calculan que este año el PBI podría caer hasta 12 puntos, dado el impacto negativo que ha generado el virus en todos los sectores. Basándose en estas proyecciones y otros indicadores, el gobierno viene organizando un programa de respuesta con el objetivo de atender la urgencia sanitaria y social, y dando apoyo para la pronta reactivación económica. Para asistir estos frentes, advierte que está comprometiendo 90 mil millones de soles.

Si bien los montos son importantes, también lo son la calidad, la oportunidad del gasto y el control. Por ello, para superar malas experiencias y lograr resultados, urge formular un plan de emergencia y un método de seguimiento debidamente estructurado, que considere en su estrategia operativa trabajar con grupos organizados y no beneficiar a quienes no corresponda, pero que siempre están al acecho. Se requiere planes desagregados que consideren la situación actual y se proyecten a futuro para cada región en lo especifico. A nivel del sector agrario, se necesita trabajar dos componentes i) Apoyar socialmente a la población, y ii) Relanzar la producción y comercialización agraria. Cada uno con objetivos, estrategias y herramientas diferenciadas.

De todas las actividades económicas - minería, turismo, construcción, manufactura, etc. - la actividad agraria destaca por su naturaleza estratégica debido a los siguientes factores: representa al 25% de la PEA nacional, provee seguridad alimentaria (brinda el 80% de alimentos que consume el país) y se constituye como una actividad renovable y sostenible en el tiempo. Adicionalmente, es la segunda productora de divisas (7,200 millones de dólares de agroexportación), la mayor generadora de empleos conexos, actividad soporte del éxito gastronómico y abastecedora de insumos para múltiples subsectores (textil, cueros, bebidas, medicinas, construcción, comercio, agroindustria, entre otros).

Sin embargo, el sector agrario primario ha estado históricamente conformado por pequeños agricultores en condiciones de subsistencia Según el Instituto Peruano de Economía - IPE, el 96% de los trabajadores agrarios son informales (sin acceso a beneficios y servicios sociales, entre otras desventajas); los productores formales tienen un ingreso promedio mensual de 1100 soles y los informales de un poco más de 500 soles. Asimismo, según el INEI, el 46% de la población rural está en condiciones de pobreza monetaria. Adicionalmente, el 40% de la población no pobre - urbana y rural - está en condiciones de vulnerabilidad (riesgo de empobrecimiento), situación que se ve agravada por el efecto expansivo de la pandemia y por la amenaza constante de desastres naturales que afectan al sector rural (heladas, inundaciones, sequías, etc.).

A pesar de todo ello, esta población agraria es fundamental por su aporte a la sociedad y por su rol dentro de la cadena agroalimentaria: el Valor Bruto de la Producción Agropecuaria supera en promedio los 32 mil 200 millones de soles cada año (con un aporte agrícola de 60% y 40% pecuario). De este importe, más del 65% es derivado a la compra de insumos y servicios, dándose también dinámica a un conjunto de agentes económicos conexos.

Como se entenderá por lo explicado y por teoría económica, el productor agrario es una unidad de producción y una unidad de consumo. Su encadenamiento hacia atrás no debe fallar, puesto que si no tiene insumos, no se generaría producción; tampoco en su encadenamiento hacia adelante, de ser así, los alimentos no llegarían a los mercados de abastos. Asimismo, no puede ser ineficiente porque los precios subirían en ambas direcciones, perjudicándose a ellos mismos y a la población, máxime en momentos en los que el sector agrario es un escudo nacional en la lucha contra el coronavirus.

En este marco, el plan de reactivación del agro tiene que ser sustantivo y agresivo. Además, debe focalizarse en las zonas con mayor posibilidad de respuesta y en los cultivos de panllevar, principalmente (aplicar enfoque de corredores económicos). Esto significa emplear estrategias económicas, financieras y fiscales eficazmente diseñadas. Las circunstancias actuales demandan la aplicación simultanea de tácticas diferenciadas a favor de los productores: a nivel de ayuda humanitaria y de apoyo al relanzamiento del ciclo productivo.

El plan socioeconómico global debe considerar propuestas como bono social/productivo, actividades de empleo temporal (para descolmatación de canales), ejecución de pequeñas obras de riego, pequeños créditos para la adquisición de animales menores (gallinas, cuyes, conejos, etc.), huertos familiares, ejecución de pequeñas obras de riego, siembra y cosecha de agua, producción de pacas para el invierno, compra de antibióticos, construcción rápida de cobertizos, adquisición de semillas, fertilizantes, etc. Todas ellas debidamente estructuradas en los componentes social y económico.

Sin embargo, la principal propuesta debe ser la entrega de insumos bajo el concepto de subsidio (sin temor a la palabra). Cual “inyección directa a las venas”, a través de esta modalidad, el gobierno habilitaría 2 mil 500 millones de soles para financiar el 50% de los insumos, herramientas o agroquímicos que necesite el productor hasta por 2000 soles por cada Ha (máximo 2 has por productor). El subsidio sería colocado en un fideicomiso en el Banco de la Nación, y esta entidad pagaría directamente al proveedor de los insumos, medicinas y otros. Esta práctica garantizaría la formalidad de la operación y la trazabilidad ante el riesgo de maniobras mafiosas e ilegales, y además permitiría recuperar del IGV por parte del gobierno (lamentablemente, Agrobanco no está a la altura de las circunstancias como para asumir una responsabilidad de esas dimensiones).

Para dar solidez a la propuesta en el corto plazo y considerando también el futuro, se requiere que la población y los programas sociales prioricen la adquisición de lo nuestro, por su calidad comprobada y por lealtad a la patria (sería un mérito que PRODUCE reedite el Programa Cómprale al Perú). Las instituciones públicas y privadas que promueven el desarrollo deben también trabajar para construir un sistema comercial más eficiente y transparente, lo que se logra con buena información y asesoría empresarial: no es posible que el productor venda la papa a 0.30 céntimos por kilo en chacra y en el supermercado se venda a 6 u 8 veces más; esto es injusto para quien la produce. Si el próximo año el agro llegara a quebrar, no será culpa de los hombres del campo, sino de nosotros por permitir esta situación.

Las autoridades del gobierno y del sector tienen tres grandes desafíos: apoyar las acciones sanitarias y sociales; implementar medidas de reactivación a través de un Plan; y definir un nuevo enfoque de trabajo del MINAGRI para que pueda enfrentar los desafíos actuales y futuros.

¡¡¡Nunca somos más fuertes como cuando nos prueban!!!