COLUMNA DE:
Miguel Ordinola

Miguel Ordinola

25 junio 2020 | 09:26 am Por: Miguel Ordinola

Extensión Agrícola y Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) en el marco de la crisis actual

Extensión Agrícola y Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) en el marco de la crisis actual

El nivel y la calidad de la producción agrícola dependen de muchos factores, parte de los cuáles están más o menos fijados por condiciones naturales tales como el clima, la topografía y el tipo de suelos. Algunos factores de producción podrían ser modificados, pero solo a costa de enormes inversiones a largo plazo, que muchas veces no logran materializarse.  La experiencia en muchos lugares del mundo ha demostrado que pueden lograrse progresos considerables con medios mucho menos costosos. Los bajos rendimientos y la baja calidad agrícolas y pecuarias pueden elevarse introduciendo métodos más eficientes de cultivos y crianzas, vía el trabajo de extensión.

Los incrementos de productividad y rentabilidad agrícola constituyen políticas centrales para la
reducción de la pobreza y el mejoramiento de las condiciones de vida en las áreas rurales de los países
en desarrollo. La extensión agrícola es la aplicación de investigación científica y nuevos conocimientos en las prácticas agrícolas a través de la educación y asistencia a los productores. Tradicionalmente, esta se ha realizado a través de visitas físicas a los agricultores, lo que permite al extensionista establecer un vínculo con el productor y familiarizarse con su problemática específica. Sin embargo, situaciones como el fraccionamiento de las parcelas y su gran dispersión, elevan los costos de los servicios lo que constituye una barrera importante para ampliar la cobertura de los sistemas de extensión y dar un seguimiento constante a los agricultores que atienden.

Recientemente con el auspicio de IICA, se realizó una conferencia sobre las Oportunidades de la Agricultura Digital en Latinoamérica y el Caribe a cargo de Michael Kremer (Premio Nobel de Economía 2019), donde se hizo referencia a una interesante experiencia de servicios de extensión en cuatro países (India, Pakistán, Kenia. Ruanda y Etiopía). A la fecha este trabajo llega a 3.5 millones de productores, con un equipo de científicos de datos, agrónomos, investigadores y gerentes de desarrollo. Se obtiene información sobre los perfiles de los productores (variables geográficas, ambientales, agronómicas, sociales, económicas) y en base a esta data se generan interacciones con los productores para proveerles de información estratégica para su toma de decisiones. Todo este proceso se realiza a través de telefonía móvil y se menciona que los costos vienen bajando a medida que aumenta la escala de atención. 

Dos limitaciones de las que siempre se han discutido sobre los métodos de extensión son sus altos costos y escasa cobertura. Esto se complica más en el marco de la situación actual donde están restringidas las visitas a las zonas de producción (medidas como el distanciamiento social son claves en la actividad agrícola para priorizar la salud de los productores, pero sin descuidar productividad y calidad de la producción final).  

El uso de TICs podría permitir afrontar estas situaciones, entre otras razones porque: i) reduce las necesidades de desplazamiento y costos de transporte de los extensionistas; ii) son útiles para el diagnóstico y la provisión de recomendaciones para problemas comunes y relativamente sencillos de identificar; iii) permiten establecer comunicaciones más oportunas con los agricultores, ya que en vez de esperar la visita de los extensionistas, los productores pueden realizar consultas para tratar enfermedades en sus cultivos; iv) generan una comunicación bidireccional entre los productores y los sistemas de extensión, lo que hace posible generar información agrícola relevante de manera participativa, tomando en cuenta las demandas de los usuarios.

Asimismo, no hay que perder vista que se requiere incrementar la efectividad de los sistemas de extensión, enfatizando el potencial de las TICs para generar comunicación bidireccional y el enfoque participativo (donde el asesoramiento tenga como punto de partida la problemática y preguntas de los productores). Los agricultores deben percibir la utilidad de la información de ida y vuelta (que marquen un cambio evidente en su sistema de producción) sino la demanda por la misma no será sostenible (por más sofisticadas que sean las herramientas digitales a utilizar).  

La crisis actual está acelerando diversos cambios y los diferentes actores están respondiendo muy rápidamente. A manera de ejemplo, se puede mencionar como las TICs han permitido viabilizar el comercio minorista de alimentos (sector aparentemente tradicional) donde ya es de uso común diversas plataformas digitales que les permite seguir obteniendo sus ingresos en el marco de la difícil situación por la que venimos pasando. Antes de la pandemia ya se conocían algunas experiencias iniciales en el Perú a nivel de pequeños productores (café, cacao, papa) y en función a esto se debe aprovechar esta oportunidad para potenciar el sector agrario (principalmente la pequeña agricultura) e introducir alternativas que mejoren su eficiencia productiva y la generación de ingresos.