(Agraria.pe) Indonesia, el país con mayor población musulmana del planeta, se apresta a dar un giro decisivo en su política de comercio exterior. El próximo 18 de octubre de 2026 entrará en vigor una nueva fase de la obligatoriedad de certificación Halal para diversas categorías de productos —entre ellas alimentos, bebidas y bienes importados— que obligará a exportadores de todo el mundo, incluidos los de América Latina, a repensar sus estrategias de acceso a ese mercado.
Así lo advierte Giovanny Decker, especialista en comercio exterior, quien identifica en esta actualización normativa tanto un desafío como una oportunidad para la región. "Halal no debería analizarse únicamente como un certificado. También debe incorporarse a la estrategia de acceso, cumplimiento y gestión de la cadena de suministro", señaló el especialista.
Un reglamento con alcance directo sobre el origen de la producción
El eje central de este nuevo escenario es el Reglamento BPJPH N.º 4/2026, emitido por el organismo indonesio encargado de la certificación Halal (BPJPH), que introduce mecanismos más estrictos para verificar la conformidad de los productos extranjeros antes de que lleguen a puerto. La norma contempla controles administrativos y, en determinados casos, verificaciones físicas realizadas en el propio país de carga o de origen del producto.
Para Decker, esta disposición cambia por completo el punto de partida de cualquier estrategia exportadora hacia Indonesia. "La preparación para acceder al mercado no debería comenzar en la aduana, sino desde el origen de la cadena de suministro: materias primas, proveedores, procesos, documentación, trazabilidad y control de posibles riesgos de contaminación", explicó.
Tecnología al servicio de la trazabilidad
El nuevo marco regulatorio también empuja la adopción de herramientas tecnológicas que permitan garantizar la integridad de los productos a lo largo de toda la cadena. Según el especialista, actualmente se estudian y desarrollan soluciones basadas en códigos QR, blockchain e Internet de las Cosas (IoT), pensadas para reforzar la trazabilidad y generar mayor confianza entre productores, certificadores y consumidores finales dentro del ecosistema Halal.
Oportunidad para la región
]Aunque el nuevo esquema implica mayores exigencias documentales y de control, Decker sostiene que también abre una ventana de diferenciación para los exportadores latinoamericanos que logren adaptarse a tiempo. Adelantarse a la entrada en vigor del reglamento, integrar la certificación Halal como parte de la planificación productiva —y no como un trámite de última instancia— podría convertirse en una ventaja competitiva frente a otros proveedores internacionales que aún no ajusten sus procesos a los nuevos estándares.
Con el 18 de octubre de 2026 como fecha límite, la recomendación del especialista es clara: revisar proveedores, procesos y sistemas de trazabilidad cuanto antes, para que el cumplimiento Halal deje de ser un obstáculo y se convierta en una puerta de entrada a uno de los mercados de consumo halal más grandes y dinámicos del mundo.