COLUMNA DE:
Ing. Alfonso Felipe Velásquez

Ing. Alfonso Felipe Velásquez

06 septiembre 2022 | 09:45 am Por: Ing. Alfonso Felipe Velásquez

Hacia una cruzada nacional contra el hambre, con orden, dirección y unidad

Hacia una cruzada nacional contra el hambre, con orden, dirección y unidad

Por: Alfonso Velásquez Tuesta

(Agraria.pe) En el primer trimestre del año, algunas voces -autorizadas- señalaron que la producción de alimentos por parte de Perú caería hasta en un 40%, debido a la escasez y elevación de los precios de los fertilizantes a nivel mundial, a lo que se sumó una menor oferta internacional de alimentos como maíz, trigo, soya, aceites, entre otros, los cuales importa de manera dinámica nuestro país, generando incertidumbre en la población. Sin embargo, todo esto solo se trató de meras especulaciones.

En las últimas semanas, el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) ha indicado que la campaña agrícola 2022/2023 va a alcanzar niveles productivos similares a la obtenida en la campaña anterior (2021/2022), sobre todo en los principales productos que forman parte del menú diario de las familias peruanas como son arroz, papa, entre otros. Esto nos indica que si hay una crisis alimentaria en nuestro país no será por falta de oferta de alimentos.

“En este momento, dada la coyuntura y dado el desarrollo histórico de los cultivos, podemos afirmar favorablemente que nuestra agricultura ha salido adelante, generando la oferta necesaria para cubrir las necesidades de alimentos de la población”.

Es importante destacar que el disponer de menos fertilizantes no es de trascendental impacto para el agricultor peruano, ya que ha aprendido a generar su propio paquete tecnológico. Si no logra adquirir los fertilizantes sintéticos (químicos) que requiere para su producción, lo sustituye por abonos orgánicos (guano, compost, entre otros), fruto de su propia experiencia y la experiencia histórica del cultivo local.

Dada la estructura de la agricultura familiar, el agricultor familiar consolidado tiene como reubicarse para financiar su fertilizante, el problema sería en la agricultura familiar de subsistencia, en donde de verificarse realmente que habrá falta de fertilización, las oficinas regionales agrarias podrán identificar a aquellos agricultores que merecerían -focalizadamente- recibir cualquier tipo de apoyo, subvención o subsidio que en algún momento el Gobierno llevase a cabo. Con ello se lograría una mayor productividad, y consecuentemente, les generaría ingresos adicionales.

Replicar acciones
Sobre esa ayuda social que requerirán los más pobres, es importante ver acciones aleccionadoras del pasado como el Programa Nacional de Apoyo Directo a los Más Pobres “Juntos”, que se inició a fines del 2005 y que obtuvo resultados importantes, no solo en la reducción de la pobreza monetaria, sino también contribuyó a incrementar el nivel de porcentaje de niños y niñas educándose, y aumentó el porcentaje de menores que asistieron a los centros de salud para su control de talla y peso, buscando de esa manera reducir la desnutrición crónica infantil en nuestro país.

El Programa Juntos fue un mecanismo de transferencias condicionadas. Se entregaba S/ 100 mensuales a las madres de familias más pobres del Perú en las regiones de Ayacucho, Apurímac, Huancavelica y Huánuco, empoderándolas para un mejor uso y distribución de los recursos económicos que se ponían a consideración. Los resultados de dicho programa han sido evidentes y tangibles en el tiempo, y consecuentemente contribuyó decididamente a la reducción del índice de pobreza en el país, en más del 50% (pasó de afectar, del 55% al 22% de la población).  

Este fue el logro de un programa social focalizado para apoyar a los más pobres y tamizado por el Sistema de Focalización de Hogares (Sisfoh) que evitó la filtración de las familias que no necesitaban dicho apoyo o subsidio. Además, se condicionó el acceso al cumplimiento de obligaciones por parte de los padres, que incluía también la identidad, recordando que la intervención inicial de Juntos fue en regiones donde el terrorismo tuvo impacto tremendo.

Este mecanismo de distribución de dinero condicionado, nos hace recordar las propuestas keynesianas de invertir para multiplicar el efecto positivo de dichas inversiones, es decir, multiplicar el efecto beneficioso de esta demanda que se le daba en base a esos incentivos.

Otro ejemplo es el modelo del Banco de Alimentos en nuestro país, que ha tenido resultados positivos en la llegada de los alimentos a las familias más necesitadas. Este banco tiene un rol muy importante en el futuro de la alimentación nacional y crear este tipo de organizaciones en las principales regiones de nuestro país constituyen una necesidad inmediata en donde la labor solidaria del sector privado, de la mano con organizaciones sociales y de bienestar (como ONG e iglesias) puedan tener un impacto cohesionado, focalizado a las zonas de mayor necesidad.

Ordenar la ayuda
Regresando a la actualidad. En este momento de inseguridad alimentaria, lo conveniente es alinear los bonos y los otros incentivos, que de manera desordenada y sin ningún tipo de complementación ni condicionalidad se vienen ofreciendo desde el Gobierno. Reorientarlos a través de una intensiva campaña promocional, para que se enfoquen en reducir las brechas económicas que generan inseguridad (en el 2020 la pobreza en Perú fue de 30.2% y ahora está en 29.5%). Atender prioritariamente la alimentación familiar es el desafío, hoy casi el 50% de peruanos están en situación de inseguridad alimentaria.

Recordemos que durante el primer año que el Covid-19 azotó a nuestro país, la crisis inesperada que se generó, motivó el fortalecimiento de la “red humanitaria”, formada por organizaciones civiles, religiosas, ONG, entre otras, dedicadas al bienestar social de la población menos favorecida. Hoy estamos nuevamente en un momento de grave crisis. Esta “red humanitaria” debe fortalecerse ahora, logrando que, a través de su acreditada organización, los aportes de las empresas privadas, la cooperación, la iglesia y demás contribución de alimentos que llegue a nuestro país, se logre distribuir oportuna y con los más altos niveles de efectividad.

“Es imposible garantizar la seguridad alimentaria por decreto. Se requiere de un trabajo planificado y articulado, en el que se ponga en evidencia el deseo y la participación solidaria de los gestores y la intención del Gobierno, de aprobar medidas de apoyo verdaderamente promotoras, que acompañen esta cruzada necesaria y urgente; cruzada que la sociedad civil peruana debe llevar adelante, para transitar en forma amigable y socialmente responsable, hacia una tranquilidad nacional”.

Resulta imperativo que el trabajo sistemático y colectivo de las organizaciones que se unieron con un propósito común, para generar bienestar en nuestro país, asuman hoy el liderazgo. Confiamos en que así sea.