03 julio 2020 | 08:40 am Por: José Carlos León Carrasco

Señaló Luz Gómez Pando, docente e investigadora de la UNALM

Siembra de granos nativos en extensiones mayores y nuevas mostró los problemas que afectan el desarrollo de estos cultivos

Siembra de granos nativos en extensiones mayores y nuevas mostró los problemas que afectan el desarrollo de estos cultivos
La falta de tecnología para el manejo de factores limitantes bióticos (malezas, enfermedades y plagas) en grandes extensiones de cultivos; así como la falta de variedades adaptadas a nuevas zonas de cultivo y con características apropiadas para su manejo en cultivos intensivos o mecanizadas; y el mejoramiento de la metodología de cosecha y manejo poscosecha son factores limitantes para la producción.

(Agraria.pe) El incremento de la demanda nacional e internacional de los granos nativos o granos andinos (quinua, kiwicha, cañihua y tarwi) en los últimos años incentivó la siembra de estos productos en superficies muy grandes en diferentes ambientes.

Así lo describió Luz Gómez Pando, profesora principal del Departamento de Fitotecnia de la Facultad de Agronomía e Investigadora Senior del Programa de Cereales y Granos Nativos de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM), quien señaló que se dejó de sembrar estos productos en pequeñas parcelas y se llevó a grandes superficies tanto en la sierra como en la costa.

Destacó que la siembra en estas extensiones mayores y nuevas ha mostrado en su real magnitud los problemas que afectan el desarrollo de estos cultivos, principalmente en el caso de la quinua.

“La falta de tecnología para el manejo de factores limitantes bióticos (malezas, enfermedades y plagas) en grandes extensiones de cultivos; así como la falta de variedades adaptadas a nuevas zonas de cultivo y con características apropiadas para su manejo en cultivos intensivos o mecanizadas; y el mejoramiento de la metodología de cosecha y manejo poscosecha son factores limitantes para la producción de estos cultivos”, sostuvo.

Considerando los problemas identificados, las futuras áreas de investigación y prioridades estarían en desarrollar o mejorar las tecnologías del cultivo orgánico, ecológico y convencional para áreas tradicionales y nuevas, sobre todo las prácticas relacionadas al control de maleza, enfermedades y plagas, dijo.

Asimismo, se debe desarrollar nuevas variedades de quinua, aptas para diferentes tipos de manejo agrícola y localidades; que sean resistentes y tolerantes a factores bióticos (malezas, mildiú y plagas) y abióticos (sequías y heladas); y que sean de alta calidad.

Además, se debe seguir evaluando las colecciones de germoplasma que tenemos en Perú y se debe identificar las accesiones con resistencia a enfermedades e insectos, así como a sequía, sales y temperaturas extremas para fortalecer la agricultura orgánica que asegura mejores precios para los agricultores. En el caso de la quinua se calcula que existen 6.302 accesiones conservadas por diversas instituciones (la UNALM mantiene más de 2 mil accesiones); mientas que en kiwicha se tiene 3 especies (amaranthus caudatus, amaranthus hypochondriacus, amaranthus cruentus) y se calcula que existen 2.800 accesiones.

También se debe identificar accesiones con mejor calidad nutricional y mejor calidad para la industria. Se necesitan granos nativos con propiedades nutricionales muy especiales que permitan revalorar aún más los granos nativos del Perú y su demanda por mercados especializados, y así asegurar un canal de comercialización para los agricultores.

La vocera del Programa de Cereales y Granos Nativos de la UNALM, destacó asimismo la importancia de desarrollar estudios de adaptación y desarrollo del material genético en áreas tradicionales y en nuevas zonas como la costa peruana, lo cual será útil en el futuro.

“De repente en 20 años esta región tendrá menos agua, más sueles salinizados por efecto del cambio climático, y los riegos con agua de pozo de mala calidad, en ese momento se va a requerir especies como la quinua para sembrarla en los suelos donde otros cultivos dejarán de ser productivos”, manifestó.

Rendimientos aumentaron entre 1998 y 2018
En otro momento, Gómez Pando destacó que entre 1998 y 2018 la producción y rendimientos productivos de los granos andinos se incrementaron considerablemente. La producción en kiwicha aumentó 60% y su rendimiento productivo se incrementó en 75%; la producción de quinua se incrementó 205.4% y su rendimiento aumentó 45%; la producción de tarwi creció 148.2% y su rendimiento en 47.43%; y la producción de cañihua se elevó 24.3% y su rendimiento 24%.

En el caso de la kiwicha, la producción alcanzó las 1.987 toneladas en 1998 (existían 1.677 hectáreas a nivel nacional, cuyo rendimiento promedio fue de 1.185 kilos por ha) y en 2018 su producción ascendió a 3.182 toneladas (1.534 hectáreas con un rendimiento promedio de 2.074 kilos por ha).

En quinua, su producción sumó 28.171 toneladas en 1998 (30.720 hectáreas con un rendimiento promedio de 917 kilos por ha) y en 2018 se obtuvo 86.011 toneladas (64.660 hectáreas con un rendimiento promedio de 1.330 kilos por ha).

Por el lado del tarwi, en 1998 la producción ascendió a 6.636 toneladas (6.947 hectáreas con un rendimiento promedio de 955 kilos por ha) y en 2018 sumó 16.481 toneladas (11.706 hectáreas con un rendimiento promedio de 1.408 kilos por ha).

Mientras que en cañihua, su producción alcanzó las 4.114 toneladas en 1998 (6.010 hectáreas con un rendimiento promedio de 684 kilos por ha) y en 2018 se registraron 5.112 toneladas (6.715 hectáreas con un rendimiento promedio de 761 kilos por ha).

 

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