COLUMNA DE:
Miguel Ordinola

Miguel Ordinola

28 abril 2020 | 09:24 am Por: Miguel Ordinola

Mantener las cadenas de valor de los productos agrarios en la actual crisis

Mantener las cadenas de valor de los productos agrarios en la actual crisis

En los considerandos del Decreto de Urgencia No. 041-2020, se indica que el crecimiento económico del VBP Agrícola sería de -2,1% para el año 2020. En este marco surgen interrogantes sobre lo que está pasando en los diferentes cultivos en las tres regiones del Perú. Tomando el caso de la papa, se pueden analizar algunos aspectos.

Según MINAGRI, durante el período 2007-2018, el precio promedio en chacra a nivel nacional acumuló un crecimiento de 81.8%, equivalente a una tasa de crecimiento promedio de 5.6% por año. Este producto es importante en diversas regiones si lo medimos en términos de su participación en el VBP Agrícola: Apurímac (47.6%), Huancavelica (44.1%), Ayacucho (41.8%), Puno (35.6%), Huánuco (33.6%), Cusco (25.6%), Pasco (20.4%), entre los principales. De acuerdo al INEI-MINAGRI, la demanda total de papa está conformada así: gasto de consumos final de hogares (57.3%), autoconsumo (7.1%) y demanda intermedia (35.7%, que se distribuye en procesamiento, restaurantes, semillas, otras). En función a lo anterior se entiende que la situación de crisis actual puede cortar una tendencia creciente del sector, afectar económicamente a las regiones de la sierra que dependen de este cultivo y también al consumo de los hogares de las diferentes ciudades.

El sector papa tiene tres segmentos de acuerdo al tipo de variedades: blanca, amarilla, nativas de color. La idea es ver como está la situación actual en cada uno de estos segmentos. En el caso de la papa blanca, a pesar de las complicaciones logísticas el abastecimiento hasta el momento ha podido continuar (tomando como referencia el Mercado Mayorista de Santa Anita), pero si empiezan a surgir complicaciones por el lado de la demanda, sobre todo en el caso de las pollerías (se indica que la demanda por pollo ha caído en las últimas semanas, lo que hace prever que la demanda de papa en este segmento también ha caído). En papa amarilla, normalmente el abastecimiento es más espaciado a lo largo del año (Huánuco), pero actualmente se nota una marcada inestabilidad (lo que incide en los precios); las restricciones al comercio también han afectado la exportación de papa amarilla, pelada, precocida, congelada. Por el lado de las papas nativas, el grueso del abastecimiento viene en Mayo y no se tiene muy claro cómo será la articulación en un mes donde normalmente existía alta demanda (por la celebración del Día Nacional de la Papa) y los supermercados y los restaurantes realizaban amplias campañas que promovían su consumo. Asimismo, las empresas que trabajan con estas variedades para su procesamiento y exportación comienzan a tener problemas de abastecimiento y acceso a los mercados (los siguientes seis meses resultan inciertos para ellos).

Un tema transversal a los tres segmentos es la posibilidad de una fuerte reducción de la demanda por las medidas sanitarias tomadas en el país (totalmente necesarias), asociada a la caída de los ingresos de la población en general. La otra gran pregunta es como afrontar la campaña 2020-2021, en el marco de un panorama incierto (donde puede caer la oferta por las expectativas negativas).

Resulta difícil plantear alternativas concretas (dependen de cada caso en particular y de como vaya cambiando la situación actual) pero se pueden esbozar algunos marcos para la intervención en un plazo muy corto: i) en papa blanca habría que tomar medidas para viabilizar la demanda por el lado de las pollerías (hay quienes plantea una especie de “delivery certificado” que permita activar este sector). Asimismo, garantizar el flujo de comercio (con la logística adecuada) en Mayo-Junio que son meses en los que normalmente se incrementa sustancialmente el volumen de producto que llega al Mercado de Santa Anita (acuerdos entre los comerciantes y agricultores, avalados por el Estado); ii) en papas amarillas y nativas de color, reforzar las campañas de promoción del consumo conjuntamente con actores públicos y privados (Mayo-Junio) para no perder el mercado ya ganado, donde se han posicionado como un producto de alta calidad (y buen precio) y facilitar la organización de la oferta. Apoyar a las empresas que procesan y exportan (líneas concretas de financiamiento) y facilitarle su proceso de exportación.

Para el mediano plazo (que es la próxima campaña) se debe asegurar: i) la instalación de campos con una adecuada programación geográfica (manejo de información detallada); ii) asegurar el aprovisionamiento y manejo de semilla de calidad e insumos adecuados (financiamiento); iii) desarrollo de protocolos específicos de manejo del cultivo en el marco de la actual pandemia; iv) trabajar el desarrollo de productos procesados que faciliten el comercio y que podrían atender a mercados institucionales (programas sociales, entre otros); v) fortalecer los acuerdos entre productores y empresas para continuar con el flujo de comercio; vi) convocar a las instituciones de investigación para encontrar alternativas de innovaciones para el sector en este nuevo escenario (presión en los actuales sistemas agroalimentarios).

La situación actual es complicada e inédita y las medidas para afrontarla se tendrán que ir construyendo en el día a día, pero la idea básica es que podamos mantener las diversas cadenas de valor que se han construido en los últimos años, que generan ingresos a los pequeños productores e inversión privada en el desarrollo y articulación comercial de los productos.