(Agraria.pe) América Latina y el Caribe produce alimentos en abundancia, pero no logra romper el ciclo del hambre. Uno de cada ocho niños y niñas menores de cinco años en la región sufre desnutrición crónica, según la nueva edición del Índice Global del Hambre, publicada en español por la organización Ayuda en Acción bajo el título No hay seguridad sin seguridad alimentaria, en el marco del mes de la alimentación y la erradicación de la pobreza.
El informe fue elaborado por las ONG Welthungerhilfe, Concern Worldwide y el Instituto de Derecho Internacional de la Paz y de los Conflictos Armados (IFHV), integrantes de Alliance2015, red europea de cooperación y ayuda humanitaria.
Un retroceso global
A escala mundial, la puntuación del hambre subió a 18,1, frente a 17,6 en 2018, lo que interrumpe casi dos décadas de progreso continuo desde el año 2000. El índice atribuye el deterioro a la "policrisis": la acumulación simultánea de conflictos armados, crisis climática extrema y choques económicos. Hoy 32 países están peor que en 2018 y, si no se acelera el ritmo de acción, al menos 57 no lograrán un nivel bajo de hambre en 2030.
Una región con promedios que ocultan desigualdades
América Latina y el Caribe obtiene 7,4 puntos en una escala de 100, un nivel considerado "bajo" frente a la media mundial. Sin embargo, el informe subraya que no existe un nivel de hambre aceptable. La región ha mejorado menos de un punto desde 2018 y el retraso del crecimiento infantil volvió a subir hasta 12,6 %, incluso en las tres mayores economías del continente: Argentina, Brasil y México.
La media regional esconde, además, una fractura profunda. Haití registra la peor puntuación de la región (34,4), al borde del nivel alarmante: más de la mitad de su población está subalimentada y 5,7 millones de personas sufrieron en 2025 inseguridad alimentaria aguda, sobre todo por la violencia de las bandas armadas.
"Que el 12,6 % de nuestra infancia sufra desnutrición crónica demuestra que los promedios ocultan profundas desigualdades en la región. Para erradicar el hambre necesitamos sistemas alimentarios sostenibles e instituciones locales fuertes", señala Pilar Lara, del equipo de Relaciones Institucionales de Ayuda en Acción. Lara agrega que es urgente proteger los medios de vida de las familias frente a la inestabilidad y el clima.
Radiografía por países
El caso peruano
Perú logró la mayor reducción del hambre de la región desde 2000, al pasar de 21,1 a 6,5 puntos. El índice vincula ese descenso al crecimiento económico, la reducción de la pobreza y la expansión de los servicios de salud y de protección social, y lo presenta como muestra de que las intervenciones integrales de largo plazo funcionan.
Financiamiento insuficiente
El informe advierte que la inseguridad alimentaria y la inestabilidad social se retroalimentan, y que el cambio climático y las crisis económicas merman la capacidad productiva y los medios de vida de las familias. Esto ocurre cuando los recursos se reducen: en 2025 solo se recibió el 36 % de la financiación necesaria para responder a las crisis alimentarias (10.550 millones de dólares de los 29.000 millones requeridos), mientras el gasto militar mundial alcanzaba un máximo histórico.
"Invertir en alimentación, en agua y en medios de vida no es un gasto: es la forma más eficaz de prevenir las crisis. Donde las mujeres y los jóvenes tienen oportunidades, el hambre retrocede", afirma Lara.
Experiencias en terreno
Ayuda en Acción, que aborda la seguridad alimentaria con atención especial a mujeres, infancia y juventud, reporta algunas de sus intervenciones, que coinciden con lo que recomienda el índice: fortalecer cooperativas y cadenas de valor locales, dar voz a comunidades excluidas y anticiparse a las crisis.
Recomendaciones
Junto a las organizaciones autoras, Ayuda en Acción pide a las administraciones: