06 noviembre 2019 | 08:16 am Por: Edwin Ramos

Estimó Carlos Zamorano, director ejecutivo del IPEH

Con la obligación impuesta por EE.UU. de fumigar en destino, Perú perdió el primer lugar como exportador mundial de espárragos

Con la obligación impuesta por EE.UU. de fumigar en destino, Perú perdió el primer lugar como exportador mundial de espárragos
Desde que se instauró esta obligación, los empresarios nacionales han gastado US$ 80 millones solo en pasar por dicho procedimiento que, encima, le resta vida en anaquel al producto. Pero el panorama podría cambiar con la campaña de certificación de campos y plantas de procesamiento.

(Agraria.pe) A pesar de haber sido durante mucho tiempo la “punta de lanza” de la agroexportación peruana, incluso con bastante anticipación al crecimiento explosivo de los últimos años, la venta nacional de espárragos a los mercados del mundo no recibió todos los cuidados que necesitaba.

Carlos Zamorano, director ejecutivo del Instituto Peruano del Espárrago y Hortalizas – IPEH, explica que resulta extraño que un cultivo con cerca de 50 años de exportaciones no hubiera pasado mucho antes por un proceso de certificación de sus campos ni de las plantas de procesamiento tal y como han hecho los empresarios del mango, la uva de mesa, palta Hass, cítricos, arándanos y otros.

Una posible explicación, nos dice, es que los principales mercados, Estados Unidos y Europa (en ese orden) nunca tuvieron exigencias fitosanitarias hacia los exportaores hasta que la aparición de plagas activó la fumigación mandatoria para los despachos que llegaran desde el Perú hacia la nación norteamericana. “Erróneamente se pensó que esa era la solución, y muchos pensaron que ya no había que hacer nada en los campos aquí porque igual lo iban a fumigar allá”, dice.

Y las consecuencias de este cambio de panorama han sido serias, empezando por el hecho de que Perú perdió la primacía en la exportación de la hortaliza a Estados Unidos (lugar que ahora ocupa México) y, consecuentemente, a nivel mundial. Esto, sumado a los ingentes costos del proceso de fumigación para los exportadores peruanos.

“Uno tiene que pagar por que le ‘envenen’ el producto en Estados Unidos. Nosotros hemos calculado un costo de fumigación de menos de 30 centavos de dólar por caja y lo que hemos calculado desde el inicio de la fumigación mandatoria a Estados Unidos, solo el espárrago que va a ese mercado, hasta el año pasado, la industria peruana en costos directos había pagado 84 millones de dólares”, detalla.

Además, para realizar este fumigado se tiene que cortar la cadena de frío, lo que le quita 30% de vida de anaquel al producto. Finalmente, ya que para pasar ese proceso debe enviarse en cajas abiertas de cinco kilos, se limita la posibilidad de hacer presentaciones con valor agregado. En definitiva, un conjunto de condiciones que ponen en amplia desventaja al Perú frente a México, país al que no se exige la fumigación.

Momento de cambio
Sin embargo, un punto de inflexión se podría haber dado el pasado 2 de noviembre, cuando entró en vigor la Reoslución Directorial N 0002-2019-Minagri-Senasa-DSV, que establece los requisitos sanitarios y fitosanitarios para exportar espárragos frescos a Estados Unidos y los países de la Comunidad Europea. Los puntos clave exigidos ahí son la certificación de los lugares de producción, certificación de las instalaciones de procesamiento primario (empacadoras), certificación fitosanitaria de envíos, certificación de análisis de residuos de plaguicidas y metales pesados.

De las aproximadamente 26 mil hectáreas que habría en el país (no hay un estudio específico) ya se encuentran certificadas 9 mil hectáreas gracias a una campaña liderada por el Ministerio de Agricultura y Riego. Con estas garantías, los mercados receptores tendrán la confianza de que el producto que reciben tiene poca prevalencia de plagas y muy bajos riesgos.

La idea, dice Zamorano, es que con estas nuevas condiciones en los tres o cuatro primeros meses del próximo año se pueda negociar con Estados Unidos la eliminación de la fumigación.

Lograr ese objetivo tendría un impacto positivo enorme que se reflejaría en todos los mercados a los que se dirige la hortaliza peruana, además que ayudaría a ordenar los datos sobre el cultivo en nuestro territorio.

“Ya no somos el primer exportador a nivel mundial, este es el costo de la fumigación. Es el costo de haber tenido un cultivo sin mayores controles a los que están sometidos los demás productos de agroexportación”, refrenda el líder gremial.

Con todo, el vocero del IPEH estima que este año las exportaciones de espárragos se mantendrán en un nivel de US$ 500 millones, con un gran peso de los despachos en fresco (que el año pasado alcanzaron los US$ 375 millones). El resto se reparte entre las presentaciones en congelado y en conserva.

Finalmente, sobre la posibilidad de contar con una semilla peruana de espárrago, reconoce que no hubo grandes avances (se intentó con un proyecto de la Universidad Nacional Agraria La Molina, pero no se obtuvieron resultados). Sin embargo, si se logra salir de la exigencia del fumigado, esa nueva etapa de florecimiento de la industria permitiría impulsar las investigaciones de este tipo ya que nuestro país necesita una variedad específica que requiera menos agua y tenga mayor resistencia a plagas.
 
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