11 septiembre 2026 | 09:12 am

Maracuyá, más allá del jugo: Pectina, aceite cosmético y hasta empaques biodegradables

Compartir: X
Maracuyá, más allá del jugo: Pectina, aceite cosmético y hasta empaques biodegradables
Las exportaciones de jugo crecieron 46,75% en el primer semestre de 2026, pero el mayor potencial podría estar en lo que hasta ahora se descartaba: cáscaras y semillas con aplicaciones en alimentos, cosmética y conservación de frutas frescas

(Agraria.pe) Durante años, la presencia internacional del maracuyá peruano ha estado asociada principalmente a jugos, pulpas y concentrados. Esta oferta mantiene espacio para crecer: entre enero y junio de 2026, las exportaciones peruanas de jugo de maracuyá alcanzaron USD 46,53 millones, 46,75% más que en el mismo periodo de 2025, según cifras de la Dirección de Promoción de las Exportaciones de PROMPERÚ.

El desempeño continúa una tendencia favorable. En todo 2025, los envíos sumaron USD 66 millones, 34,72% por encima del año anterior. Países Bajos concentró 46,77% de esas exportaciones, seguido por Estados Unidos con 23,56% y Francia con 11,15%. Durante el primer semestre de 2026, esos mismos tres mercados representaron más del 82% del valor exportado, aunque también se observaron crecimientos importantes en destinos como Chile, Italia y Alemania.

Esta base exportadora permite plantear una pregunta distinta para los próximos años: ¿cuánto más valor puede generar el Perú a partir de la misma fruta que hoy procesa para producir jugo?

La innovación empieza donde termina el jugo
La industria de jugos genera una cantidad importante de cáscaras y semillas que tradicionalmente han tenido un valor comercial limitado. Sin embargo, la investigación internacional sobre la Passiflora edulis está poniendo el foco precisamente en estas fracciones. La cáscara contiene pectina, fibra y compuestos fenólicos, mientras que las semillas pueden proporcionar aceite rico en ácidos grasos insaturados y otros compuestos de interés.

Esto modifica la manera de mirar la cadena. Una planta procesadora puede seguir teniendo al jugo como producto principal y, al mismo tiempo, comenzar a desarrollar nuevas líneas a partir de lo que queda después del procesamiento.

La idea de una biorrefinería de maracuyá parte justamente de esa lógica: separar las distintas fracciones y asignarles usos de acuerdo con su potencial comercial. Las semillas pueden destinarse primero a la obtención de aceite; el resto que permanece después de esa extracción puede investigarse como fuente de compuestos fenólicos. La cáscara, por su parte, puede transformarse en pectina, fibra, harina e incluso materiales biodegradables.

Pectina: la oportunidad está en la funcionalidad
Según el Reporte de Innovación para Maracuyá, elaborado por PROMPERÚ, la pectina obtenida de la cáscara puede utilizarse como gelificante, espesante y estabilizante en distintas formulaciones alimentarias. Sus aplicaciones abarcan mermeladas, bebidas con pulpa, productos lácteos, salsas, suplementos de fibra y, cada vez más, alimentos reducidos en azúcar o grasa.

Para el Perú, sin embargo, competir desde el inicio con pectinas producidas a gran escala a partir de cítricos o manzana tendría poco sentido. El reporte plantea una ruta más interesante: desarrollar pectinas con propiedades funcionales definidas para aplicaciones específicas, donde el valor dependa menos del volumen y más del desempeño del ingrediente.

La investigación internacional citada por el organismo ya ofrece referencias. Procesos de extracción verde han alcanzado rendimientos de 19,1% a partir de cáscara fresca y de hasta 27,6% desde biomasa que previamente había sido utilizada para recuperar compuestos fenólicos. El dato es relevante, porque demuestra que una misma corriente agroindustrial puede generar varios ingredientes antes de convertirse en residuo.

Desde la inteligencia comercial de PROMPERÚ, la discusión cambia de foco. Más que preguntarse si el Perú puede producir pectina, interesa definir qué tipo de pectina necesita el comprador, para qué formulación, con qué especificaciones y a qué precio.

Aceite de semilla: una ruta más cercana al mercado
Entre las alternativas identificadas por la entidad, el aceite de semilla de maracuyá presenta una ruta comercial especialmente interesante.

Su composición, con predominio frecuente de ácido linoleico y otros ácidos grasos insaturados, permite utilizarlo como ingrediente en cosmética natural y cuidado personal. Puede incorporarse en sérums, cremas, aceites faciales, tratamientos capilares, bálsamos y productos corporales, y cuenta con una denominación reconocida para formulaciones cosméticas: Passiflora Edulis Seed Oil.

Aquí el valor comercial depende de algo más preciso que el origen vegetal. Un comprador de ingredientes cosméticos requerirá información sobre el método de extracción, perfil de ácidos grasos, estabilidad oxidativa, índice de peróxidos, ausencia de residuos de solventes, trazabilidad y consistencia entre lotes.

Ya existe además una señal de mercado. Empresas internacionales comercializan aceite de maracuyá para formulaciones cosméticas, y el reporte de PROMPERÚ identifica, incluso, abastecimiento de semillas o aceite procedente de América Latina, incluido Perú. Esto confirma que existe una categoría B2B reconocida y que el desafío está en capturar una mayor parte del valor mediante transformación, especificaciones técnicas y estandarización local.

Nuevas aplicaciones que conectan con otras cadenas exportadoras
El Reporte de Innovación de PROMPERÚ identifica, además, una aplicación especialmente interesante para la agroexportación: utilizar la pectina de la cáscara de maracuyá para desarrollar recubrimientos biodegradables que ayuden a conservar frutas frescas. Estos recubrimientos pueden reducir la pérdida de agua, retrasar el ablandamiento y extender la vida poscosecha. En un ensayo realizado con banano Cavendish, un recubrimiento elaborado a partir de pectina de maracuyá y agarosa prolongó la conservación hasta ocho días a 25 °C. Para un exportador, algunos días adicionales de vida útil pueden tener un impacto importante durante el transporte y la comercialización. La oportunidad para el Perú estaría en adaptar y validar esta tecnología en cadenas como banano, mango, palta, cítricos o arándanos, considerando las condiciones reales de frío y transporte de cada producto.

La cáscara también abre posibilidades fuera de la alimentación humana. La pectina, la fibra o el polvo de maracuyá se investigan como ingredientes para nutrición animal y acuícola. Estudios experimentales han encontrado resultados favorables en variables de crecimiento, conversión alimenticia y respuesta inmunológica cuando la pectina se utiliza dentro de formulaciones específicas. Para el Perú, esta línea podría explorarse en especies como tilapia, trucha o langostino, aunque todavía requiere validar costos, dosis, inocuidad y desempeño antes de llegar a una aplicación comercial.

De un producto exportable a un portafolio de compradores
El comprador de jugo de maracuyá, una empresa que formula alimentos con pectina y un fabricante europeo de cosméticos que busca aceites vegetales operan en cadenas distintas. Sus exigencias técnicas, volúmenes, certificaciones, regulación y criterios de compra tampoco son los mismos.

Por eso, según plantea la Dirección de Promoción de las Exportaciones de PROMPERÚ, convertir la innovación en exportación requiere trabajar desde el mercado hacia el producto. Antes de invertir en una nueva línea industrial conviene identificar compradores potenciales, conocer sus especificaciones, analizar competidores y validar muestras o prototipos. El propio reporte plantea que el desarrollo peruano debería incorporar caracterización de la materia prima, pruebas de estabilidad e inocuidad, evaluación de costos y validación con compradores B2B.

Para la promoción comercial, esto supone ampliar el radar. El maracuyá peruano puede estar presente en encuentros vinculados con bebidas y alimentos, pero sus derivados abren puertas hacia espacios especializados en ingredientes alimentarios, cosmética natural, cuidado personal y tecnologías de procesamiento. Cada uno requiere una propuesta distinta y, sobre todo, información técnica capaz de sostenerla.

Innovar también es decidir por dónde empezar
La investigación disponible muestra numerosas posibilidades, desde pectinas y aceites hasta piceatanol, recubrimientos biodegradables, empaques y alimentación animal. Intentar desarrollar todas simultáneamente elevaría la complejidad y la inversión.

El reporte de PROMPERÚ plantea una ruta progresiva para el Perú. El aceite de semilla con calidad cosmética y la harina o fibra de cáscara aparecen como opciones relativamente cercanas al mercado. La pectina especializada podría avanzar en una segunda etapa, mientras que extractos fenólicos y biomateriales requieren mayor desarrollo tecnológico, validación y revisión regulatoria.

Ese orden resulta importante desde una mirada exportadora. Innovar no consiste en acumular posibles aplicaciones, sino en seleccionar aquellas donde coinciden materia prima disponible, tecnología viable, comprador identificado y posibilidad de capturar valor.

El crecimiento del jugo demuestra que el maracuyá peruano ya tiene una plataforma comercial en mercados internacionales. La siguiente oportunidad, según la Dirección de Promoción de las Exportaciones de PROMPERÚ, está en mirar la fruta de manera más completa. Cáscara y semillas pueden dejar de representar un costo residual para convertirse en nuevas líneas de negocio.

Edwin Ramos
AUTOR
Edwin Ramos prensa@agraria.pe
Periodista especializado en agroindustria, producción y tecnología.
Ver más contenidos del autor
COMPARTE ESTA NOTICIA
Etiquetas: maracuya